1. FRANCIS FORD COPPOLA



La capacidad creadora de un director, el vuelo artístico, dramático, motor de su mundo, de su obra, puede verse reducida, sitiada, por la amenazadora imagen de la empresa. La distribución maquiavélica de los contenidos que desvían nuestra atención: nos dicen que ver, que fagocitar, mientras rumiamos una sensación de vacío al retirarnos de la sala de proyecciones o la gran empresa: el cine comercial. Muchos han visto imposibilitado (o reducido) su talento por estas grandes pinzas que cortan el material, lo empacan, le dan un aspecto bonito y lo distribuyen como carne envasada. Y otros, asumen ese riesgo, se vuelven parte de ese mega espectáculo con el único fin de llenar sus arcas, ¿para un emprendimiento personal posterior? Puede ser, pero no importa. Su capacidad creadora ahora es vista con aversión, tamizada por esa pseudo-prostitución al vaciamiento intelectual. Francis Ford Coppola es ejemplo ecuánime. A lo largo de su trayectoria nos ha entregado maravillosos bosquejos de un mundo paranoico, enfermo, corruptible y desleal. Lo inmoral del ser, el trastrocamiento de la ética encuadrado en mundos dispares, alejados de nuestra visión, ocultos tras un manto de misterio. Y es allí donde radica su capacidad creadora, se vuelve en contra cuando, seducido por un proyecto apuntado a la comercialización, abandona su filosofía, la vuelve extraña y, simplemente, envuelto en una suerte de Mal de Alzheimer momentáneo se fuga en planos, encuadres e historias que poco tienen que ver con “The Godfather” o “Apocalypsis Now”. Si no me cree, compruébelo usted mismo:


Apocalypse Now


Captain EO

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