"El Curioso Caso de Benjamín Button" (2008) DAVID FINCHER

TITULO ORIGINAL: The Curious Case of Benjamin Button
DIRECCIÓN: David Fincher
GUIÓN: Eric Roth
REPARTO: Brad Pitt, Cate Blanchett, Taraji P. Henson, Tilda Swinton.
GÉNERO: Drama
AÑO: 2008
PAÍS: Estados Unidos
DURACIÓN: 167 minutos.

INTRODUCCIÓN: EL GORDO Y YO.
El lunes a la tarde tenía ganas de ver una película, chequée la mal ponderada guía de Cablevisión y, como siempre, encontré las mismas películas: XXX I, II y III, El Rey Escorpión, Cuando Harry Conoció a Sally y el estreno absoluto: Más Rápido, Más Furioso. Desilusionado pues, tuve que recurrir a mi videoclub amigo, llamémosle el “Gordo”. Un ser amistoso que tiene una escasa paleta de respuestas al requerir información sobre cualquier película: “Un Peliculón”, dice vendiéndola. Yo trato siempre de tener un cierto filtro en cuanto a su marketing off sobre las películas, dado que da lo mismo que sea Peter Pan… la de Disney o El Hombre Elefante, él siempre concluye con la misma frase, mirándote a los ojos, cómplice. Tarde unos veinte minutos para hacer mi elección, porque quería aprovechar bien su oferta de “paga dos, lleva tres por 48 horas”. Entre ellas, encontré algunas que dubitativamente volví a colocar en el exhibidor. Siempre me planteo existencialmente cada una de mis decisiones a la hora de rentar una película. Al fin y al cabo, le estoy dando doce pesos al gordo, quiero algo bueno. Busqué, busqué, entre piratas y originales (cabe decir que las de la primera clase son mayoría) y encontré “El Curioso Caso de Benjamin Button”. ¿Ya salió en DVD? – pensé in situ. Claro que no, respondiéndome instantáneamente. Bueno, ya fue – procedí, mientras la colocaba junto a las otras dos, de menor importancia para el caso. A lo sumo, tendré que bancarme el cartel que dice “Property of Paramount Pictures…“ toda la película. Como muy grave puede estar habada en ruso y traducido al español. Pagué y volví a mi casa.

Hay que estar preparado para ver “El Curioso Caso de Benjamin Button”. No porque su trama sea de una estricta dificultad narrativa. Tampoco por el hecho de que nos sometemos a ver personajes de un despliegue escénico sumamente elaborado e intrincado. Hay que estar preparado para ver una película que engloba la vida de un tipo que, como comienza la narración en off: “nació en circunstancias inusuales”. Más de dos horas y media para desarrollar una típica historia de amor que se entrecruza, separa, odia y vuelve a enamorar a dos personajes a lo largo de una vida. El dato curioso es que el protagonista masculino, encarnado por un sobrio Brad Pitt, nació siendo un bebé enjaulado en un cuerpo de un anciano. A lo largo de su crecimiento, se va haciendo cada vez más fuerte y joven. Y es allí, en el punto justo de su masculinidad cuando definitivamente se entrelaza con el amor de su vida, una mujer que respeta los cánones de nacimiento “normal”.
La historia no es más que un cuentito eficaz de producción hollywoodense, donde se desarrollan los típicos personajes estereotipados que interactúan con Benjamin a lo largo de su camino: El padre que lo abandonó y busca el perdón, la madre adoptiva, visceral y sobre protectora, la novia, una supermujer sin puntos flacos, cautivantemente atractiva. Y los demás, que obedecen arquetípicamente a lo que la historia requiere, un collage de personajes que van siendo significativos en la vida de Button, gracias a sus peripecias.
Apelando a la emotividad constante y a la lágrima fácil, uno puede adivinar como sigue la película a medida que transcurre. Lugares comunes y simplicidad narrativa. Lo bueno, y acá me voy a poner sentimental, es que Fincher, su director, no escapa a ese patrón; se hace cargo de lo que ofrece y lo muestra con sutiles pinceladas de talento. Casi siempre, optando por una forma que recae en la comedia y no en el drama. En ese hecho radica la diferenciación con otros films del mismo talante. Las dificultades que se le presentan al personaje a lo largo de la obra son vistas de forma optimista y paulatinamente, eso se transforma en una oportunidad para salir de ese asedio dramático con soltura. En tanto el personaje crece (no físicamente), se nota que la película avanza, rigurosamente solventada a través de una característica esencial de Benjamin Button: la madurez para enfrentar las dificultades.
El resto es una buena conjunción de la parte artística. Una buena fotografía, matizada por los colores de acuerdo a la época. En plena etapa de niñez (cuando Benjamin es viejo) la gamma de colores sepia enmascaran la pantalla, en los cincuenta y sesenta colores más centellantes dignos del arte pop y en la etapa de la adultez (cuando es un niño) abundan los colores fríos.
Combinados con un ritmo ágil, proveniente de la escuela del videoclip, Fincher logra capitalizar en el largometraje lo que venía haciendo desde “Se7en” o “Fight Club”: escenas cortas, diálogos rápidos y mucha acción en el plano.
El toque sutil y más destacable de esta película es, sin dudas, el arte. La conjunción de vestuario, maquillaje, efectos visuales y escenografía se llevan todos los créditos. Hasta el punto de preguntarse: ¿Cómo hicieron para que Brad Pitt luzca pelado, petiso y con anteojos? Es simplemente, un avance tecnológico puesto al servicio de la historia y no por el mero hecho de hacer cine espectáculo… Bueno, lo hacen, pero desde otro punto de vista, ustedes saben a lo que me refiero.
El mensaje es claro y no escapa de las convenciones normales del cine industrial en la comedia romántica. El amor por sobre todas las circunstancias de la vida, el amor que prevalece. Cualquier tipo de amor. El amor de una madre, de dos amantes, por la música, por las historias, por el mar, por los hijos. Pero lo que hace destacar la historia y eso, en definitiva, enaltece la obra, es la sutilidad usada para mostrarlo. Pequeños actos que se van concatenando, hilos conductores que intentan, de manera acertada, contagiarnos, hacernos parte de la historia. Sufrir por el errático amor y festejar cuando los seres se encuentran. Visto desde una óptica equisciente, somos parte de la vida de Benjamin.

Es una emotiva película para ver con paciencia luego de una relajante cena, dispuestos en el sillón cómodamente. En el transcurso uno puede pararse para ir al baño o servirse whisky y no se perderá el hilo. Si se es de lágrima fácil, probablemente asimilará todas las escenas como desgarradores momentos de melancolía, en caso contrario, si se es un macho viril amante de las películas de Van Damme y Stallone, la sabrá soportar sin demasiadas dificultades.
Visto desde un relevamiento histórico, de manera desacertada carece de una mirada crítica a la sociedad. No abundan las discriminaciones, ni los conflictos raciales, ni las dificultades de la vida post-guerra, sólo muestra una determinada época sin realizar un juicio de valor. Probablemente, pierda un vuelo narrativo que de haberlo impuesto en el film, seguramente lo enriquecería mucho más.
En resumen, buena fotografía, excelente arte, historia simple y sólida actuación de Brad.

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